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Lo que da de sí una buena romería…

Con el paso del tiempo, es una tontería no reconocer que las romerías, procesiones y peregrinaciones han ido perdiendo parte de su carácter religioso y devoto para convertirse en una fuente de ocio y diversión diferente a las que tenemos a diario. Esto tiene por supuesto su lado bueno y su lado malo: el bueno es que así es capaz de reunir a una gran afluencia de público, y que siga manteniendo su número de visitantes; el malo es que se pierde todo el sentido de la celebración, que se convierte en una oportunidad más de fiesta y parranda.

No creo que esté hablando de nada que no resulte extraño, pues todos hemos ido de jóvenes a las romerías de nuestro pueblo. A mí personalmente, eso de ir detrás de una imagen tirada por bueyes me parecía un atraso de lo más demencial, y aunque al principio eran mis padres quién me llevaban con espíritu devoto, nunca consiguieron que se me pegara ni el más pequeño ápice de él; sin embargo, conforme fui creciendo, me di cuenta que estas celebraciones daban lugar a un ambiente festivo en el que de pronto empezaba a correr la juerga y el alcohol, y para mis entonces años mozos, eso era un aliciente irresistible.

Y es que como cualquier tío joven descubrí que, donde hay alcohol, acaba habiendo chicas borrachas; y donde hay borrachas, tarde o temprano hay chicas guapas follando. Es así, cuando las tias buenas van de sobradas no hay manera de pillarlas, se vuelven inalcanzables, y hasta un poco pedantes la verdad; pero luego toman un par de tragos, y les salen las calentorras que llevan dentro, y entonces pueden acabar follando con cualquiera. ¿Acaso no tenéis vosotros la misma impresión?

Sí, sé que suena machista y realmente a pajillero desesperado, y así me lo parece ahora que tengo algunos años más. Pero en aquellos entonces era muy importante echar un polvo, la verdad, y no importaba el dónde ni el cuándo; si me apuras ni siquiera con quién, pero claro, si podía ser con una maciza que normalmente ni siquiera te miraba a la cara, pues mejor que mejor. De hecho, habías muchas de estas que incluso iban de recatadas, pero cuando se encontraban en una celebración de este tipo, resulta que se soltaban el pelo como las primeras. Y digo yo, ¿será que la devoción es un afrodisíaco natural, y no nos hemos enterado?

Yo siempre iba a estas romerías con el miembro preparado, la verdad, y no me avergüenza admitirlo. Sobra decir que la gran mayoría de veces me volvía a casa algo ebrio, cansado y con el mismo calentón que había ido, porque no conseguía ni acercarme a ninguna de estas tias, a veces ni siquiera a las feas (espero que ya hayais comprendido que no soy ningún adonis ni mucho menos, aunque con los años he ido ganando puntos). Pero de todas formas tengo buenos recuerdos de aquella época, aunque ahora por supuesto intento no ir de hipócrita a estas celebraciones religiosas, y cumplir como un devoto si realmente decido aparecer por allí: mis años de ligón de romería han quedado atrás.

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